Un pobrecito hablador nos cuenta: «Los medios españoles hablan estos días sin parar del llamado "síndrome posvacacional", como si esta fuese la primera generación de humanos a la que le resulta difícil reincorporarse al trabajo (o al colegio, porque algunos aprovechados involucran a los niños). Por fortuna, un interesante reportaje publicado hoy pone las cosas en su sitio y lo considera simplemente un mito. El artículo expone acertadamente que el síndrome posvacacional es sólo la adaptación a la rutina. Nada de enfermedad, sino una adaptación a los cambios (que, como cualquier cambio, puede resultar eventualmente más o menos traumático). Pero va más allá y expone un problema más general: la patologización de la vida cotidiana ha provocado que socialmente se considere "enfermedades" a numerosos contratiempos del día a día, lo que crea ciudadanos infantilizados, que no se asumen los reveses de la vida. Estar triste por volver a trabajar no tiene nada que ver con una depresión. Lo peor es que las propias instituciones (como por ejemplo el Ayto. de Valencia) son quienes alientan este supuesto síndrome, quizá para emplear en algo al ejército de trabajadores sociales, pedagogos, educadores y psicólogos que viven a costa del erario público. ¿No deberían estar las instituciones para resolver problemas, en lugar de para crearlos artificialmente?»